Recuento y reflexión de inicio de año
Primera parte
Cada ciclo en la vida tiene su comienzo y su final, cada inicio de año profunda o ligeramente el ser humano hace un recuento de lo vivido en el año anterior, algunos más se atreven ir a la reflexión. ¿Y porque hablo de atreverse? Porque podría implicar, reconocer y aceptar que fue un año duro, tal vez muchas metas se quedaron en el camino, pero con todo, la vida ¡Gracias!, sigue su curso y un nuevo ciclo hace girar la rueda de la vida, una vez más con una o muchas oportunidades que vienen con el nuevo año.
Salir a la calle en días pasados y ver el bullicio en los centros comerciales, parques, restaurantes, las personas estaban de lleno en las celebraciones, son tiempos de estar en familia, con amigos, compañeros de trabajo, incluso de reencontrarse con contemporáneos de escuela o probar con nuevos círculos sociales, quizá ese fue uno de los regalos del año que se fue. ¿Y nosotros qué? También necesitamos un tiempo con nosotros mismos, así que la invitación ahí está, y lo mejor es que es para nosotros, ¡de mi para mí!
Entonces vamos a detenernos por un momento, busquemos un lugar físico o mental que nos ayude a desconectarnos y respiremos profundo. Ahora sí, podemos abrirnos y sacar aquello que solo está en la mente, pensar sobre lo ya vivido y lo que vendrá.
Comienza un nuevo año, momento propicio para reflexionar, sentir, reconocer y valorar el trabajo propio y el de los demás, sentirnos orgullosos de todo lo que aprendimos, dar gracias por las lecciones de vida que seguimos no queriendo o no sabiendo como aprender, en fin, es un momento mágico y por demás gratificante y necesario para nuestro ser.
Les compartiré algunos ejercicios simples que pueden ayudarles en esta reflexión:
1) “Recuento de vivencias”: Esta actividad ayuda a integrar las distintas experiencias que se han tenido en el año, fomenta la humildad para reconocer las propias dificultades y desarrolla el orgullo y la alegría por nuestros propios logros o avances.
Dividimos una hoja con una línea horizontal al medio, en la cual vamos colocando en secuencia los meses del año. Luego, vamos pensando en cada una de las situaciones importantes que vivimos este año, escribiendo en el mes que corresponda, todo lo que consideremos positivo arriba y todo lo que haya resultado ser más difícil abajo (como un listado).
Una vez terminado este recuento de vivencias, es importante mirar todo el camino recorrido en el año, releer lo escrito en esta línea de tiempo, valorar y agradecer los avances y logros, junto a los desafíos y temas que aún debemos seguir esforzándonos por mejorar. Es importante no generalizar y englobar todo lo que ha sido el año basándonos en una sola experiencia que fue significativa, es importante tomar conciencia e integrar experiencias, ver los matices y no calificar que el año “fue horrible, no fue bueno” que nuestra salud estuvo frágil, o cometimos errores por ejemplo, sino que darnos la oportunidad de valorar y rescatar todo lo bueno que nos trajo y las oportunidades de aprendizaje que nos ofreció también.
Segunda parte
2) “Mi mejor versión”: Escribe en 1 a 2 hojas cuál es la mejor versión que imaginas de ti, una en la cual te sientas feliz, realizado, pero que sea realista y alcanzable. Por ejemplo, “Mi mejor versión se daría el tiempo para ver a mis amigas al menos una vez por semana, haría deporte 2 veces por semana, se iría en bicicleta al trabajo, desayunaría con su pareja todos los días para compartir un poco en las mañanas, visitaría a sus padres al menos 2 veces al mes, no fumaría, haría alguna actividad en contacto con la naturaleza al menos una vez al mes, interrumpiría menos a los demás, sería más generosa, pediría perdón, etc). Cuando tengas claro cuál sería tu mejor versión, elige por cuáles actividades o habilidades quieres empezar y genera un plan concreto para desarrollarlas el siguiente año, con plazos, estrategias concretas y la posibilidad de evaluar cómo te ha ido en conseguirlo, pues si no estás logrando los cambios puedes requerir nuevas estrategias, coaching, terapia, o algo que te ayude en “no hacer más de lo mismo” para así no obtener los mismos resultados de siempre. Si quieres vivir diferente, tienes que hacer cosas diferentes.
3) “Aprendizaje de las experiencias”: el trabajo consiste en apreciar cada experiencia vivida en el año, rescatando de ella aprendizajes. Así, se realizará una lista de las peores situaciones del año, las más difíciles, y luego en la columna de al lado se escribirán los aprendizajes. Algunas preguntas que pueden guiar la reflexión para rescatar lo positivo, pueden ser: ¿Se podría haber prevenido? ¿Qué habrías hecho distinto? ¿Qué evitó que la situación fuese aún peor? ¿Hubo algo de lo que falló que dependiera de ti o fue resultado de algo que no podías controlar? ¿Qué habilidades y fortalezas aplicaste para enfrentar esta dificultad? ¿Si le contaras tu forma de enfrentar la situación a un buen amigo, qué crees que opinaría? ¿Qué habilidades te faltan por seguir trabajando a nivel personal?
Y así como estos ejercicios nos llevaran a un encuentro íntimo con nuestro ser, también puede ser un simple momento fuera de todo y de todos, haciendo solo un recuento o ir a una reflexión, nos llevará a darnos cuenta de algo más sencillo; que el haber vivido y estar terminando un año, ya es una bendición y que además tuvimos más bendiciones en situaciones, momentos, regalos de vida, que ni siquiera imaginamos y que de alguna manera nos dice que lo más importante es disfrutar el camino incluso más que la meta en sí.
Y para terminar, esta fue mi reflexión, el año que terminó recibí más de lo que hubiera deseado tener o ser y el aprendizaje de vida fue tal que solo quiero agradecer cada día, cada experiencia, cada momento, incluso cada dolor y que si la vida “me ha dado tanto” como dice la canción, el dar, devolver, compartir, será la consecuencia de mi ser.
